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26 may

Microsoft Hyper-V

Microsoft da los últimos retoques a Hyper-V, su nuevo software que sentará las bases para la virtualización en Windows Server 2008. Este lanzamiento obligará a VMware a afrontar por fin una peligrosa competencia en el mercado de virtualización de servidores Windows.

Los servicios de virtualización se construyen por encima de un fino nivel de código, denominado hipervisor, que se emplaza sobre el hardware y lo abstrae de los servidores Windows virtuales que corren en el nivel superior. El primer propósito de los hipervisores es el redireccionamiento de las peticiones entre múltiples máquinas virtuales y el hardware subyacente de manera que cada máquina virtual (VM) piense que se trata de su propio hardware.

Microsoft, que posee el sistema operativo, ha lanzado ya una beta de Hyper-V y ha anunciado que la versión final del software estará disponible en pocos meses.

No obstante, esa diminuta pieza puede constituir un arma importante para Microsoft en un mercado al que quizá de otro modo llegaría demasiado tarde. De hecho, probablemente, con el inminente lanzamiento de Hyper-V, la primera oferta de auténtica virtualización de nivel hardware de Microsoft, el titán de Redmond espera ganar el tiempo perdido frente a VMware, que hoy lidera claramente el mercado de este tipo de tecnologías después de tres años operando en él sin prácticamente competencia.

Hyper-V es rápido, está profundamente integrado con Windows Server 2008, y Microsoft piensa ofrecerlo con su sistema operativo de forma casi gratuita. Su único problema en realidad reside precisamente en su incapacidad para trabajar con el ecosistema de herramientas de VMware, las cuales sólo soportan ESX, el hipervisor de su fabricante. A menos que se trate de pequeñas empresas que hasta ahora no haya introducido virtualización o de alguna de las pocas grandes que de momento se hayan mantenido al margen de estas propuestas, probablemente los potenciales clientes de Hyper-V se habrán comprometido ya fuertemente con el ecosistema VMware.

Si toda la informática basada en servidor está en las primeras etapas de una migración masiva hacia las máquinas virtuales, como muchos analistas sostienen, la carencia de un hipervisor estándar para Windows sólo servirá para retrasar la transición. El que los fabricantes centren sus esfuerzos competitivos en este nivel no hace en realidad sino demostrar lo inmaduro que aún está el negocio de la virtualización. El problema se encuentra en que, pese a esta inmadurez, son ya muchas las empresas que dependen de la virtualización. Aunque también es cierto que la perspectiva de la aparición de un hipervisor de Microsoft incompatible con VMware está fomentando ya la cautela y la precaución en numerosas empresas. Como resultado, éstas tienden a retrasar sus inversiones en este tipo de tecnologías hasta ver hacia dónde se decanta finalmente el mercado por miedo a quedar encerradas en la tecnología equivocada. Después de todo, como se ha dicho, muchos departamentos de TI han invertido ya fuertemente en productos VMware, pero conocen de sobra el poder de Microsoft, que, por otra parte, es precisamente el fabricante de las plataformas servidor a virtualizar.

Cuando se plantea la cuestión de cuál puede ser el interés de VMware en hacer su tecnología de hipervisor incompatible con Hyper-V, no cuesta demasiado encontrar la respuesta: soportando únicamente su propio diseño hipervisor propietario, VMware, actual líder del mercado, podría temporalmente dificultar la rápida entrada de Microsoft en el espacio de virtualización de servidores empresariales. Es muy consciente de que si soportara Hyper-V correría el riesgo de perder control sobre su propio destino.

Microsoft tiene previsto vender Hyper-V por 28 dólares y posiblemente terminará dándolo gratuitamente en muchos casos.

¿Por qué 28 dólares y no cero? “Cuando Microsoft da las cosas gratis surgen siempre las sospechas”, explica Ward Ralston, director de producto para Windows Server 2008 de Microsoft. “No podemos darlo completamente sin coste precisamente por quiénes somos”, asegura Ralston en referencia a los diversos encontronazos del fabricante con los reguladores responsables de la competencia en distintas zonas geográficas por la aplicación de prácticas consideradas monopolísticas.

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